domingo, 29 de julio de 2012

Conociendo Pipa y Natal


Las playas de Pipa y Natal reciben a miles de turistas año tras año.

Durante todo el siglo XIX (y por qué o en buena parte del XX) la foto aventurera por excelencia, tal como han inmortalizado algunos grandes relatos literarios, fue la que con un fondo de arena extendido mostraba al protagonista montando un dromedario. Desde entonces las dunas y esos animales serían asociados con el misterio y la magia. ¿Un paseo en camello? Pues, bien, no es necesario cruzar el océano hasta el norte africano o Medio Oriente. Es más, no hace falta, siquiera, salir de Latinoamérica. ¿Es que hay camellos en Latinoamérica? Los hay, y fueron el plato fuerte con que el Comité Visite Brasil y la Embajada de ese país en Argentina sorprendieron a un contingente de periodistas argentinos invitados a su último Fam Press (viajes de familiarización para la prensa) llevándonos a la ciudad de Natal y, también a la bellísima Pipa, que queda a 80 kilómetros de aquella.

Natal está ubicada en el codo de la América del Sur. Es uno de los puntos más cercanos entre nuestro continente y Africa. Por eso fue una base aérea aliada (usada por EEUU) en la Segunda Guerra Mundial. Por lo que su ubicación en el mapa, no puede resultar más fácil. He aquí la sugerencia práctica para quien no quiera desperdiciar sus vacaciones de este verano: no deje de mirar las muchas páginas que sobre Natal y Pipa se encuentran en internet.

Quizás con esto que acabo de decir debería concluir esta nota. postal . La ciudad de Pipa, a 80 kilómetros de Natal, combina playas y acantilados con un pintoresco casco urbano. Pues sé de antemano lo insuficiente que resultarán los adjetivos para describir las sensaciones, sorpresas, satisfacciones, y emociones de ese adrenalínico viaje. Bastará, en cambio, que el lector escriba Natal o Pipa, o Natal y Pipa, para que un sinfín de páginas y un universo de imágenes lo atrape de modo inexorable.

Se podrá leer, por ejemplo, que “Natal (en español: Navidad) es la capital de Río Grande do Norte, un estado en el noreste de Brasil. El censo de 2009, reveló que la ciudad y alrededores tenían una población de 1.312.123 habitantes. Natal es considerada por el Ipea (Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil), la ciudad capital más segura en el país. La capital es conocida principalmente por sus playas, su belleza natural y por su buena infraestructura. Fue fundada en un día de Navidad, el 25 de diciembre de 1599 (413 años) por los portugueses y fue ocupada por un tiempo por colonos holandeses quienes entre 1633 y 1654 la llamaron “Nueva Amsterdam”.

Apenas unas ocho horas de vuelo desde Buenos Aires, con una escala en San Pablo, se llega a Natal. El primer impacto lo da estar frente a una magnífica metrópolis que crece al cielo con edificios modernos e inteligentes que en nada envidian a los de cualquier capital en el mundo. Recostada sobre el Atlántico y la desembocadura del río Potengí, la primera postal la dan el moderno Puente de Todos-Newton Navarro, y en una de las puntas es éste el antiguo fuerte de Los Reyes Magos. Esto al norte de la ciudad.

Al sur, gigantescas estatuas blancas de Melchor, Gaspar y Baltazar, (los magos que según la tradición cristiana visitaron al hijo de Dios recién nacido) enmarcado por la cola de estrella de Belén que cruza la autopista que viene desde el aeropuerto internacional dando al conjunto escultórico una original y eficaz función de pórtico de entrada.

Pero Brasil es sinónimo de playas, verde, exuberancia y placer. Natal queda en Brasil. Poco se puede agregar en una ciudad donde la temperatura es de 27 grados todo el año y una lluviecita casi diaria parece hasta programada para producir una asintonía que pone a prueba cotidianamente a los slogans turísticos según los cuáles Natal es la ciudad del Sol.

Por tal razón más de dos millones de turistas al año visitan esta ciudad atraídos por sus playas: Genipabu, Pirangi, Do Meio, Areia Preta, Dos Artistas, Do Forte, Da Redhina, Ponta Negra. Ponta Negra, la zona residencial más exclusiva de la ciudad y la playa más afamada, da comienzo a la gran avenida Via Costeira que termina en el Puente Newton Navarro y sobre la cual se recuestan la mayoría de los grandes hoteles, todos con habitaciones que miran por igual a las dunas y al mar.

Pero si Brasil es sinónimo de aguas templadas, playas cálidas, tragos típicos, comidas riquísimas, manjares a base de camarones o langostas, música contagiosa (en esta zona se baila el “fo-rró” como llaman al “for all” un cadencioso y divertido ritmo), construcciones coloridas, hotelería del alto nivel y Natal es todo eso; el plus a esta ciudad se lo da, paradójicamente, su desierto: el parque nacional de Dunas de Genipabu. El más grande del continente. Allí se filmó la telenovela El Clon que tuvo mucho rating en Argentina y contaba una historia ambientada en el Oriente Medio.

Ahora bien no sólo la Navidad y el desierto nos transportan a lugares recreados por la telenovela. ¡También están los camellos! En ellos uno puede dar un paseo y sacarse una foto montándolo. Detrás aparecerá la arena blanca y alguna que otra palmera. Como si la foto se hubiera tomado en Giza, Egipto, o en el desierto del Sinaí. Pero, a diferencia de esos lejanos sitios y porque los brasileños no pueden con su genio, han creado una categoría socio laboral, vinculada a las dunas: los bugueiros. Es decir, los conductores de los centenares de buggys que llevan a los turistas a recorrer las dunas.

Un paseo que dura casi todo el día y que, además de recorrer un paisaje novedoso que tiene su variedad (hay lagunas, zonas con el mar cercano a los que se puede bajar a la playa o practicar sandboard en una parada) tiene la emoción propia de cualquier parque de diversiones con montañas rusas. De allí que hay que advertir al bugueiro si uno quiere un paseo “sin emociones” es decir, si saltos o velocísimas bajadas casi verticales desde los morros de blanca arena.

Natal aporta además de condiciones para que una visita tenga una muy placentera estadía elementos para el anecdotario pos viaje. Los camellos, como he dicho, o por ejemplo la existencia del árbol con la copa más grande del mundo. Tal curiosidad de la naturaleza –figura en el libro Guinnes de los records– está en la playa de Pirangi. Es un cajueiro (o anacardo) -cuyas castañas (de cajú) consumimos mucho los argentinos- que desarrolló una copa que cubre 8.500 metros cuadrados de superficie. Deberá creerme el lector que contar lo del arbolito de castañas es un broche apropiado para el relato al retorno de unas vacaciones excelentes.

Pipa. Nos llevaron en este viaje al centro turístico del municipio de Tibau do Sul, a 80 kilómetros de Natal. Un puerto de pescadores a una hora de viaje en colectivo que se ha convertido en un centro turístico de renombre gracias a la belleza de sus playas, alguna visitada por delfines como, la playa do Curral o Playa de los Golfinhos, a la que se baja por una escalera de 200 escalones.

La principal playa, debajo de unos acantilados que la mata atlántica convierte en verdes murallones, se llama Praia Do Amor, dado que vista desde un mirador de Chapadao tiene forma de corazón. En Pipa no se camina una cuadra sin escuchar al menos media docena de idiomas diferentes. Las autoridades turísticas locales explican que se llama Pipa por “Pedra do Moleque” que vista desde lejos parece un barril de vino o cachaça (pinga). Piensan que es por ello que los aventureros y turistas del mundo se embriagan con sus paisajes.

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Titulo: Pipa y Natal.
Publicado el 20/02/2012.
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Sitio: 365brasil.com
Ver en: http://www.365brasil.com/pipa-y-natal_n.html
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